No estoy agobiada, no estoy triste, no estoy confusa.
Por primera vez en bastante tiempo no me pasa nada. No me atrevía a decirlo en alto por si acaso, hoy tengo que ir a ver la nota del examen, y el otro día fue la primera vez que no me contestaste un mensaje (castigo karmático, lo cojo).
No pasa nada. He comprendido. La gente viene y va y quizás necesitaba que te fueras para aprender que hay gente que no quiere irse. Está bien, estoy bien.
Alguien, el otro día, me preguntó que como era yo. Yo sólo podía pensar en aquella descripción que llego a mi mail un día, poco tiempo después de conocernos. Y aún así, la leo, y aunque me veo, también te veo. No soy un elemento que se pueda describir con facilidad, no soy cognoscible, ni cercana, ni buena, ni nada. Soy un torbellino que arrasa consigo mismo desde el más absurdo insulto.
Alguien el otro día me dejo un post diciéndome, por lo que yo interpreté, que empezaba a sonar angustiosa, sola, y triste en exceso.
Tenía razón.
Este es el único sitio del mundo en el que no tengo que ser fuerte.
Este es el único sitio del mundo en el que no se me mira mal si me apetece echarte de menos.
Este es el único sitio del mundo que aún te hace saber de mi.